ENTRE EL DISCURSO Y LOS HECHOS.   Las declaraciones del Presidente Kirchner sobre el documento de la Conferencia Episcopal Argentina y sobre el pase del Dr. Borocotó a la...

ENTRE EL DISCURSO Y LOS HECHOS.

 
Las declaraciones del Presidente Kirchner sobre el documento de la Conferencia Episcopal Argentina y sobre el pase del Dr. Borocotó a las filas del Frente de la Victoria, que bien merece el titular de "pase del año", debemos contrastarla con los hechos de su gestión como también hacer memoria de lo acontecido en nuestro país desde 1976.
 
Si bien el documento de los obispos aborda con crudeza la realidad política, económica y social para indicar su gravedad, tampoco es menos cierto que la Iglesia ha sido cómplice, por acción o por omisión, de las dictaduras militares y de la gestión menemista.
 
Salvo Angelelli y muy pocas otras excepciones, como Jaime de Nevares, quienes hoy se rasgan las vestiduras para el sermón, transformado en una carta para la praxis del gobernante, han tenido participación en el pasado argentino. Desde los fallecidos Juan Carlos Aramburu y Antonio Quarracino, han facilitado los medios para que las dictaduras tuvieran el campo libre para su accionar delictivo y omitiendo alzar la voz cuando la vida humana no valía absolutamente nada, mientras recibían a las Madres y Abuelas. También no han dicho una sola palabra, cuando José Alfredo Martínez de Hoz iniciaba, el 2 de abril de 1976, la destrucción del aparato productivo mediante la tablita y la apertura indiscriminada de la economía, al igual que cuando un Carlos Saúl Menem y un Domingo Felipe Cavallo destruyeron la reserva que quedaba mediante la privatización de las empresas de servicios públicos y prosiguieron con la mayor transferencias de ingresos desde los trabajadores a la oligarquía gracias a una convertibilidad monetaria y a una flexibilización laboral que arrasó, de hecho, con toda la legislación vigente.
 
Hoy, el núcleo duro de estas políticas impuestas desde 1976 siguen intactas y eso es lo que cuenta. Más allá de la demagogia kirchnerista y sus aumentos salariales, tanto para los trabajadores como para la clase pasiva, todo sigue igual, a pesar de las apreciaciones del Ministro del Interior, Dr. Aníbal Fernández, porque no se advierte una verdadera política de desarrollo económico y social que permita reducir sustancialmente la desocupación que ha llevado a millones de argentinos a la pobreza y a la indigencia, con pavorosas consecuencias que advertiremos en pocos años: disminución de la población económicamente activa, gracias al incremento de la discapacidad en niños y jóvenes; falta de ingresos para los futuros jubilados, a quienes la falta de trabajo les impedirá acceder a su beneficio y una profundización de la asimetría existente entre Buenos Aires y el interior que, sin dudas, provocará la migración hacia otros horizontes y despoblando nuestros campos, lo que incidirá fuertemente en la producción agrícola y ganadera de los próximos 20 años.
 
Pero también sigue intacto el germen menemista en lo político. En la búsqueda incesante de la concentración del poder, se inició un vale todo incluído la cooptación de diputados electos como el caso del Dr. Borocotó y como los duhaldistas que abandonan su redil para anotarse en las filas oficialistas, incluída la hija de Aldo Rico, por supuesto...
 
Y también sigue el clientelismo y el amiguismo. Se advirtió durante la campaña electoral, con la estrategia de seducción a los intendentes del Conurbano bonaerense, los mismos que, junto a los Consejos Consultivos, siguen manejando los planes sociales a su arbitrio y como siempre, en el interior de nuestro país, se repitieron viejas prácticas como en el caso de Formosa y sus poblaciones indígenas tal como fueron reflejadas por numerosos medios masivos de comunicación.
 
Se habla de los Derechos Humanos, pero se olvida que también tiene una dimensión tal que abarca el presente y el futuro. Por supuesto que no debemos olvidar el pasado reciente, pero el derecho a la salud, a la educación, a un medio ambiente sano y al trabajo también deben tener su lugar en un presente que, hoy día, tiene a un 50% de la población como desaparecidos sociales, entre desocupados y personas con discapacidad. Sin embargo, no lo tienen y nada se avizora hacia el futuro, salvo el pago irrestricto de la deuda externa...
 
Entre el discurso y los hechos, la ambivalencia presidencial sigue en pié mientras la realidad nos sacude en cada calle, en cada avenida, en cada pueblo de esta República, mientras millones de argentinos esperan, tal vez ilusamente, que la clase política ponga manos a la obra para construir una Argentina para todos.
 
De todas maneras, no nos hagamos ilusiones pues el poder ha elegido, una vez más, ponerse de lado de quienes tienen el poder económico antes que del pueblo para seguir usufructuando sus privilegios...
 
Prof. Juan Carlos Sánchez
Cs. Jurídicas, Políticas y Sociales
(I.S.P. "Dr. Joaquín V. González")