CUANDO LA HIPOCRESÍA IMPIDE PREVENIR.   En el Día Mundial de la Lucha contra el SIDA, no podemos dejar de lado el análisis acerca de la verdadera dimensión de la prevención de ...

CUANDO LA HIPOCRESÍA IMPIDE PREVENIR.

 
En el Día Mundial de la Lucha contra el SIDA, no podemos dejar de lado el análisis acerca de la verdadera dimensión de la prevención de este mal. Más aún, cuando se advierte la presión de ciertos grupos y de ciertas organizaciones en torno a uno de los instrumentos poderosos como la Educación.
 
Si bien la Ley Nacional del SIDA y la Ley de Procreación Responsable son excelentes herramientas jurídicas que obligan al Estado y a otros entes, con respecto a esta problemática que, cada día más, se extiende a millones de personas en la Argentina y en el resto del mundo, todavía las mentes retrógradas insisten con su pensamiento acerca de la privacidad de la Educación Sexual tal como ocurre en la Ciudad de Buenos Aires.
 
En realidad, resulta una hipocresía a todas luces vista. Mientras algunos se rasgan las vestiduras, pero luego abonan un aborto en alguna clínica de renombre por la "travesura" de su niña en aras de tenerla inmaculada frente a su entorno, se olvidan que la sexualidad es una cuestión humana, porque forma parte de nuestra propia naturaleza y de orden público, teniendo en cuenta la masividad del SIDA, de los embarazos adolescentes y de aquellos no deseados, lo cual obliga a los poderes públicos a tomar debida nota de estas problemáticas cruciales que afectan a nuestra juventud y a las mujeres en particular. Parece ser que el dogma tiñe estas mentes para impedirles tomar conciencia de una realidad que está a la vuelta de la esquina y que, como suele ocurrir, también puede estar cerca de ellas aunque no lo quieran reconocer.
 
La Educación Sexual no puede ser una asignatura más del currículum educativo de la Ciudad de Buenos Aires, sino que es necesaria su incorporación a nivel nacional. Nada mejor que la prevención desde la escuela, sobre todo cuando existe una ausencia de contenidos desde el ámbito familiar, ante los ímpetus juveniles que recién comienzan a explorar la naciente sexualidad pero que no tienen la debida contención y la mínima información para que ello no derive en los males conocidos: desde el embarazo no deseado al SIDA.
 
Desde el año pasado, la Ley de Educación Sexual de la Ciudad de Buenos Aires viene atravesando notorias dilaciones gracias a esos grupos que pretenden desconocer su vital importancia. Son los mismos que atacaron la exposición de León Ferrari en el Centro Cultural Recoleta y los que intentaron impedir la exposición de la Dra. Rebecca Gomperts en el Centro Cultural General San Martín durante este año, bajo el ropaje de Padres y Madres de Familia. ¿ Se darán cuenta que también puede tocarle a uno de sus hijos o preferirán el manto de olvido mediante la ocultación del mal o el aborto en una clínica "decente"?.
 
He aquí la gran hipocresía. Prefieren mantener la solemnidad impuesta por la culpa recreada desde lo religioso, sin importarles lo que sucede a su alrededor. Poco les importa lo que acontece entre la población sumergida en la pobreza y en la indigencia que, en general, carece de una formación que les permita reinsertarse en nuestra sociedad y que, muchas veces, en la primera red preventiva como lo es el sistema educativo, en ocasión de la asistencia de sus hijos a la escuela, cuando asisten, es cuando se comienzan a advertir sus problemáticas particulares.
 
En este día tan particular, es importante recordar que lo fundamental es la prevención. Tanto desde el ámbito estatal como el familiar, nuestra juventud y, porque no, nosotros mismos debemos enfrentar al SIDA mediante la educación escolar y familiar pues ambas no son excluyentes; al contrario, son complementarias teniendo en cuenta el nivel educativo de cada familia en particular.
 
Hoy, cuando este mal acaba con la vida de miles de jóvenes, al igual que los abortos clandestinos, resulta imperativo tomar el toro por las astas: Educar para prevenir y eso debe ser tarea de todos, desde el Estado a la sociedad misma, para reducir estos males a su mínima expresión y permitirle una mejor calidad de vida a nuestra juventud que, después de todo, forma parte de nuestra propia esencia: la humana.
 
Prof. Juan Carlos Sánchez
Cs. Jurídicas, Políticas y Sociales
(I.S.P. "Dr. Joaquín V. González")