El ángel de la niñez No lo conocí personalmente. Su obra fue la que me llevó hacia él. Hace unos cuantos años, el inefable "Toto" González del Museo C...

El ángel de la niñez

Alberto Morlachetti

No lo conocí personalmente. Su obra fue la que me llevó hacia él. Hace unos cuantos años, el inefable "Toto" González del Museo Che Guevara me entregaba la publicación en papel de su Agencia de Noticias Pelota de Trapo durante varias visitas que le hice a su local de la calle Rojas. Y me la devoraba. Era la voz de la niñez en forma descarnada. Donde la realidad se plasmaba -como aún lo hace hoy en día- para dar voz a los inocentes de toda culpa y cargo.

Otro poco hizo el compañero Alfredo Grande. Me fue llevando hacia ese mundo que, si bien conocía, necesitaba comprenderlo en mayor grado que una simple lectura a simple vista. Empecé por sus artículos y luego se agregarían los de Claudia Rafael y Silvana Melo. Mucho más tarde, la realidad santafesina con la pluma de Carlos Del Frade.

Apenas leí las necrológicas de los diarios, pensé que se habían olvidado de algo. Si bien estoy demasiado alejado de lo religioso, soñé que era un ángel que tuvieron esas y esos niños en la Fundación Pelota de Trapo. El mismo que afirmó con toda crudeza y verdad que "el hambre es un crimen". Lamentablemente, sigue siéndolo.

Supo jugar, enredarse con cada uno de los que estaba en su institución y poner el cuerpo cuando se lo necesitaba. Sus Marchas de los Chicos del Pueblo así lo demuestran. Era evidente que se ganaba el corazón con la ternura. Tuvo la visión de rescatarlos de viejos y nuevos males del mundo moderno. Dejó su vida en cada entrevero político para hacerlo realidad.

Sin dudas, podemos afirmar que fue el ángel de la niñez, de aquella que sigue abandonada por el Estado. Que los discapacita, que los mata en una política de Estado que privilegia al capital por sobre todas las cosas.

Y vaya si lo fue. Pero dejó un rumbo. Un lugar. Dos emprendimientos para que puedan aprender un oficio. Pasó de lo terrenal a lo celestial. Pero jamás lo podremos olvidar. Será cuestión de continuar la lucha por esa niñez acosada por el narcotráfico, los talleres clandestinos y la violencia familiar e institucional.

Ese ángel se llamó Alberto Morlachetti. Pero sigue vivo entre nosotros y convocando a seguir rescatando a nuestra niñez desamparada.