Abrazos falsos Odio la hipocresía y el cinismo en estos días. Demasiadas cosas indeseables han ocurrido en apenas 20 días del nuevo gobierno que nos l...

Abrazos falsos

Abrazos falsos 2

Odio la hipocresía y el cinismo en estos días. Demasiadas cosas indeseables han ocurrido en apenas 20 días del nuevo gobierno que nos legó el kirchnerismo. Apenas hoy, no creo en las casualidades, se produjo el ansiado reencuentro de Chicha Mariani con su nieta Clara Anahí y es una brisa suave que, al menos, trata de dar otro color a lo que las y los argentinos de a pié estamos atravesando.

La mentira y la falsedad están a la orden del día. No hay pesebre que lo pueda encubrir, lo estamos viendo en vivo y en directo aunque la censura y la autocensura comienzan a imponerse. La verdad está en la calle, en los pibes de los barrios, en cada una y cada uno de los militantes reales o virtuales que sigue luchando. Y continúa en las y los compañeros que uno eligió para recorrer el camino hacia las utopías compartidas.

Esta medianoche habrá abrazos, brindis y mucha fiesta, pero será para esos pocos privilegiados de la devaluación. Mientras tanto, las zapatillas gastadas de nuestros pibes dicen otra cosa. En las villas sin urbanizar, se compartirá lo poco que tienen y de eso estoy seguro. Pero en las calles hay muchas y muchos más que no saben -desde hace tiempo- lo que es el calor humano, y menos aún tener una vida digna.

Es día de abrazos falsos, de egos fulgurantes, de festejos desaforados y por eso nadie mira la realidad que tiene a su alrededor. Sin embargo, me quedo con quienes he elegido, ya sea en forma virtual o real, para seguir mi camino. Y no es fácil. Suele pasarme que la depresión ronde a cada instante pero mucho más, desde luego, en estos días.

Como quien dice, mañana será otro día. Y tal vez, vuelva a las andadas en esta escritura que hoy sale a las apuradas. Porque no me olvido de la lucha de las y los compañeros de Cresta Roja ni el ataque a la Ley de Medios, como tampoco de las declaraciones de dos funcionarios con discapacidad que, según parece, no la asumen y se prestan a reivindicar la represión indiscriminada.

Abrazos falsos, festejos hipócritas y shoppings llenos de "gente". Y me sigo quedando con las y los trabajadores, con las y los pobres de mi Argentina y con aquellas y aquellos que me aprecian porque son quienes se merecen el abrazo verdadero y el festejo sincero aunque sea en forma virtual.