Sensaciones electorales Muy pocas personas saben lo que nos ocurre a quienes tenemos discapacidad cuando se trata de ejercer el derecho al sufragio. Y dentro de di...

Sensaciones electorales

Elecciones - Discapacidad

Muy pocas personas saben lo que nos ocurre a quienes tenemos discapacidad cuando se trata de ejercer el derecho al sufragio. Y dentro de dicho colectivo, como producto de su escasa escolarización, la influencia de familiares y allegados como también de la inefable acción de punteros políticos, sus integrantes comprenden poco la importancia de este obligatorio derecho. Solamente aquellos que han alcanzado un nivel educativo a nivel medio, terciario o universitario pueden llegar a interesarse por la política y por ende, a informarse sobre las y los candidatos a la hora de votar.

Otra cuestión fundamental, aunque se ha avanzado bastante, es la accesibilidad física de los lugares de votación. No obstante, no será la primera ni la última vez que se encuentren con obstáculos físicos pero también, para variar la costumbre, con aquellos interpuestos por quienes deberían garantizar el ejercicio del voto.

Si conjugamos estas dos cuestiones, podemos encontrarnos con un absoluto desconocimiento de la política y de los políticos por parte de las personas con discapacidad. Pensemos que solamente el 20 o 30% del colectivo alcanza el nivel medio y apenas el 3% llega al terciario o universitario. Por supuesto, el resto apenas tendrá una formación laboral que no siempre les garantiza su empleabilidad, pero tampoco forma mucho a nivel ciudadano. Y dependiendo del tipo de discapacidad, podrá acceder o no a las urnas ya sea acompañado o no.

Aún corriendo el error de generalizar, podemos afirmar que el colectivo está entrampado en las redes clientelares debido a sus necesidades insatisfechas. Desde una silla de ruedas, un audífono o una simple pensión, todo pasa por los punteros. Familiares que prefieren "elegir" por ellas y ellos, es otra de las realidades porque son los intermediarios con los políticos barriales para obtener lo que necesitan. Ni hablar de aquellas organizaciones que aparentan ser las "defensoras" de las personas con algún tipo de discapacidad, las cuales se encuentran sometidas a la coacción del subsidio estatal o al "padrinazgo" de algún político de turno.

Si tenemos en cuenta nuestra propia experiencia, nos encontramos varias veces en dificultades. Desde la incomprensión de las y los delegados electorales hasta el desdén demostrado por las autoridades de la mesa. No será la primera vez que percibimos que "molestamos" cuando vamos a votar.

Pero también tenemos el derecho de sentirnos ninguneados, porque no hemos visto ninguna propuesta destinada a mejorar nuestras condiciones de vida. Y no se trata de privilegios, como afirma Gabriela Michetti, sino de una discriminación positiva con la finalidad de igualar las oportunidades, de ser uno más dentro de nuestra sociedad.

Solamente esperamos que, algún día, estas sensaciones electorales formen parte del pasado y podamos elegir con total libertad, a pesar que esta democracia y este sistema no nos tiene en cuenta. Porque pasamos de ser sobrantes a constituirnos en el descarte de nuestra sociedad por parte del poder. No extraña, desde luego, porque el capitalismo solamente se ocupa de quienes producen y nosotros, este colectivo soslayado y ninguneado, no producimos e inclusive, molestamos demasiado como ocurre con los pueblos originarios.

Pero, para que eso ocurra, debemos organizarnos para la lucha por nuestros derechos sin importarnos el tipo de discapacidad que poseamos. Y el mejor ejemplo lo dió José Poblete, quien nos dejó el camino que debemos recorrer a pesar de un capital al cual no le interesamos y que, por supuesto, debemos combatir porque no tenemos otra salida.

Cuando lo comprendamos, al igual que nuestros familiares, otra será nuestra realidad en este mundo problemático y febril...