Disfrutando a mamá El pasado domingo no escribí nada. Apenas me dediqué a actualizar algo de mi blog de noticias. Por las redes sociales, apenas aparecí. Me d...

Disfrutando a mamá

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El pasado domingo no escribí nada. Apenas me dediqué a actualizar algo de mi blog de noticias. Por las redes sociales, apenas aparecí. Me dispuse a disfrutar de mi madre que, con sus 80 pirulos a cuestas, sigue en la trinchera de vivir. Muchas y muchos saben que odio las fechas comerciales. Porque el Día de la Madre es todos los días y no, cuando lo manda el Dios Mercado.

Fue un día de charla. De comer sin apuros. De escucharla. Con alegrías y con quejidos. De acompañarla. De disfrutarla tal como es. No es poca cosa.

Porque pasa el tiempo, viejo tirano, sin darnos la oportunidad de encontrarnos a pesar de estar juntos. Y quiero estar con ella la mayor cantidad de horas posibles. Eso hice ese domingo. Estar. Sin horario. Alejado de la puta computadora y del teléfono.

No todo es color de rosa. Ni ella ni yo andamos rebosantes de salud. Cada uno está con sus nanas y achaques, producto de nuestra edad y de nuestras propias circunstancias vitales. Por eso no nos podemos descuidar. Pero seguimos adelante como se pueda. Y ese es nuestro desafío compartido.

Me dió la vida. Me cuidó -y lo sigue haciendo- para que pueda ser lo que fui y lo que soy. No hay mejor agradecimiento que estar junto a ella y ayudarla en lo que pueda, aunque haya cosas en las cuales me sea difícil o imposible. Para mí, lo es todo. ¿No les dije que soy mamero?. Sí. Es verdad. Es, fue y será esa frazada que abriga en el invierno o ese suave viento de verano que intenta mitigar los grandes calores.

Pero no me olvido de mis compañeras y amigas que son madres, como tampoco de esas luchadoras como las Madres de Plaza de Mayo - Línea Fundadora, aunque parezca lo contrario. Porque no hace falta declamarlo por las redes sociales o por celular, sino sentirlo en su cabal dimensión.

¿Si fuí egoísta?. Tal vez. Pero no quiero que nadie me quite lo bailado y por bailar. Y como cantaba Pappo: "nadie se atreva, a tocar a mi vieja, porque es lo más grande que hay".