Tres mujeres   En este día de conmemoración, necesito recordar la influencia de tres personas, tres mujeres que han pasado por mi existencia dejando su ...

Tres mujeres

 

mujeresEn este día de conmemoración, necesito recordar la influencia de tres personas, tres mujeres que han pasado por mi existencia dejando su huella imborrable a través del tiempo; dos de ellas, aún están conmigo y una se nos fue hace un tiempo atrás, dejando un vacío imposible de llenar a mi pequeño y gran espíritu militante.

Elegí tres, pero en realidad son muchas más las que me acompañaron en este camino del sobrevivir en medio del capitalismo. Y no es casual la elección, es producto de la profunda significación para mi presente y parte de mi pasado.

Sin dudas, la primera es mi madre, la que cobijó buena parte de las alegrías y las tristezas, en el medio del mar de angustias del diario vivir. Gracias a ella, sigo adelante con mis proyectos; a veces, nadando en medio de la duda permanente y con el impulso ante los obstáculos que se presentan. No tengo palabras para quien se ocupó de darme lo que pudo y ayudarme a construir mi ser en el medio de las dificultades que se me han presentado desde la infancia, como ahora en mi plena adultez, en el medio de médicos y maestros que han pasado por mi vida.

Su voz, su compañía y su apoyo han sido la columna vertebral de mis 50 años. Y lo seguirá siendo. Algunas y algunos pensarán que soy mamero. Es posible. Pero no puedo olvidar las travesías al Durand o a la primaria "Jorge Newbery", de Villa del Parque para buscar las soluciones a las diferentes situaciones que se dieron en aquellos momentos.

Si bien hoy me he convertido un poco en su padre, debido a sus achaques, sus instantes de lucidez continúan aclarando el horizonte. Con idas y vueltas. Con su constante alentar que me permite seguir viviendo.

La segunda, es una compañera de militancia que ya venía trabajando por otra comunicación y que hizo posible ese sueño de hacer televisión para esa lucha que llevo a cabo desde hace años. Estoy hablando de Natalia Vinelli, esa niña inquieta que no para nunca pero tiene esa sensibilidad tan especial para lo que pienso y lo que hago para el programa Incluyendo que va a entrar en su tercera temporada.

Movediza, rápida de cuerpo y mente para la praxis, supo guiarme en ese mundo desconocido y me hizo acordar cuando jugaba a la televisión en la casa de mi madrina de bautismo en Barracas y luego, en Villa Soldati. Pero no jugaba al conductor, sino al camarógrafo. Me bastaba una caja de cartón para dar rienda suelta a mi imaginación. Las vueltas de la vida me llevaron a estar en Barricada TV, ese canal que sigue construyéndose a pulmón y que recientemente fuese autorizado por la AFSCA.

Ocurre que pocas y pocos bancan la discapacidad como noticia y ella lo hizo posible. Mucho aprendí a lo largo de estos años junto a ella y quienes la acompañan en esa hermosa aventura. Confieso que aún me falta mucho para llegarle a los talones. Porque no basta con los 10 años de periodismo alternativo que llevo encima, también hay que adaptarse al nuevo lenguaje, a los nuevos códigos y porque no, a una experiencia militante con un trabajo en conjunto, lo que todavía me cuesta bastante porque debo arrancarme cierto individualismo que aún me acompaña como producto de una lucha solitaria.

Frontal, pero nos entendemos con una mirada. A veces, no hace falta hablar para saber que pensamos uno del otro. Pero esta característica me obligó a comprender y, a la vez, a aprender otras cosas a las cuales no les daba importancia.

Debo reconocer que, sin ella, jamás hubiera visto la luz ese programa donde la discapacidad es noticia...

Y la última, ya no está entre nosotros pero está presente en nuestras luchas. Poco hablé con ella. Mucho la observé y seguí su manera de vivir la militancia. Me refiero a Adriana Calvo, cuya firmeza en sus convicciones y sin claudicaciones fueron el impulsor de mi espíritu militante. Con ella aprendí la constancia de militar, aunque ahora el cuerpo me juegue malas pasadas a la hora de concurrir a algún acto o alguna actividad.

Supo ser el alma motor del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia. Por eso hoy se la extraña más que nunca. Su fuerte carácter fue lo que permitió cohesionar a dicho espacio e independizarlo del poder político de turno junto a todas las organizaciones que la integran, partiendo de su propia militancia en el campo gremial y en la Asociación de Ex - Detenidos - Desaparecidos.

Esa amalgama es una referencia que no puedo olvidar. Firmeza, carácter y convicciones. Ovarios nunca le faltaron para decir lo que se debía y hacer lo que era necesario en la lucha por los Derechos Humanos. Era pueblo. No me cabe duda. Todavía la recuerdo marchando cada 24 de marzo, y se me pone la piel de gallina  mientras escribo estas líneas, indicando y guiando al frente de la columna mientras su mirada se dirigía al Sueco Lordkipanidse, ese director de orquesta de cada marcha del Encuentro.

Tres mujeres. Tres historias de vida. Tres impulsos vitales que alimentaron mi ser. Nada mejor que recordarlo en este día, en esta conmemoración tan bastardeada por lo comercial mientras el patriarcado sigue reinando.

Sin dudas, tres ejemplos para ser imitados pero hay muchas más que se me escapan en esta nota. Y espero que me perdonen, pero no hay lugar para tantas aunque siempre las tengo en cuenta y están a la hora de acompañar y de luchar.