53 batallas Contra el capitalismo y el imperialismo. Contra la impunidad, por memoria, verdad y justicia sin olvidos, perdones y reconciliaciones. Cont...

53 batallas

Disc-lucha

Contra el capitalismo y el imperialismo. Contra la impunidad, por memoria, verdad y justicia sin olvidos, perdones y reconciliaciones. Contra las violaciones a los Derechos Humanos de hoy a las personas con discapacidad, las y los pobres, y los pueblos originarios. Contra la supremacía de lo privado sobre lo público en todos los ámbitos; en particular, en lo educativo. Contra el saqueo organizado de nuestros recursos naturales, también llamados bienes comunes. Contra la violencia de género y el abuso sexual infantil. Contra las divisiones eternas que impiden la construcción de una alternativa política que permita superar este genocidio por goteo que, desde hace años, venimos sufriendo las y los argentinos.

Contra todo lo anterior, y tal vez me he olvidado de algo, batallé y sigo batallando. Sigo contra la corriente sin pensar en el que dirán o que me llamen "zurdito". Sólo se que tengo humanidad. Lo demás es pura espuma. Mi espada es la palabra transformada en notas periodísticas que publico en este blog o en Gacetillas Argentinas, junto con mi labor televisiva en Incluyendo, el programa sobre discapacidad que se emite por Barricada TV.

Es una elección de vida, aún en plena soledad real más que virtual, que me permite continuar viviendo en el medio de este sistema que enferma, discapacita y mata. Que discrimina, impone la culpa y el miedo, también el terror, a través de su cultura represora con toda su fuerza desde la sociedad y el Estado.

Pareciera que estoy mirando con la ñata contra el vidrio. Pero no. Cada nota o cada programa de televisión es un sablazo dentro de la batalla de ideas, la cultural que llevo a cabo contra viento y marea.

Llegué a la medianía de mi vida, con avances y retrocesos, con luchas compartidas y otras en magra soledad. Tal vez, sea la hora de empezar a dejar algo para las futuras generaciones. Y en eso estoy. Todavía lo estoy amasando porque me cuesta más que antes. Pero los sueños se van a ir cumpliendo de a poco. No aspiro a la fama ni al estrellato, simplemente al respeto por mi condición de persona con discapacidad y docente a punto de jubilarse.

Llegué a los 53 pirulos y comienza otra etapa de mi vida. Más sosegada y menos agitada. Hubiese deseado llegar un poco más lejos, pero no pudo ser. No me dejaron. O a lo mejor, me dejarán luego de pasar al sector pasivo. Es hora de praxis y no, de mera teoría. De palabras estamos llenos. Todos hablan, pero pocas y pocos hacen. No me hace falta caminar mucho. Ver las redes sociales con me gusta, me encanta y me enfada. Algunos leen y muchos clickean. Es la paranoia social de Internet que pretende dominarnos a través de ellas e impedirnos llegar a lo concreto.

Me esperan tiempos de lectura y escritura sin prisa y sin pausa, como también de hacer lo que pueda porque admito que tengo límites físicos que apenas puedo superar. Pero también habrá práctica concreta. No sé como ni cuando. No lo tengo definido. Lo único que sé, con seguridad, es mi convicción de continuar luchando contra todo aquello que atente contra la humanidad en el medio de la voracidad capitalista.

No veré la Revolución, pero estoy seguro que todavía me esperan muchos actos revolucionarios en esta guerra que sabe de gratitudes y de ingratos. Ante cada derrota, volver a empezar como el primer día. Son las leyes de la guerra, como hablaba el "Turco" Haidar. Sabemos que es así. Y el peor error que podemos cometer es esquivar el bulto cuando se trata de transmitir nuestras experiencias a las futuras generaciones y de no hacernos cargo de nuestras equivocaciones, o no actuar en el preciso instante donde se juega la partida final de ajedrez que nos quieren imponer.

Pero llegué. Y sé que no estoy solo. Aunque no lo parezca, lo virtual también ayuda. Lo real tardará un poco más pero estoy seguro que llegará. Porque ya no me basta con un programa de televisión. Necesito ser y estar con otras y otros. Y a lo mejor, curar esta soledad que me acompaña desde hace tantos años, porque muchas no quieren problemas o tienen sus rollos. O buscan la figura perfecta, el macho de los figurines de moda. No lo soy. Como canta Sandra Mihanovich, soy como soy. Y no pienso renunciar a serlo.

53 batallas. 53 años. No es poca cosa. Puede ser poco, pero también mucho. La bronca continúa como el primer día. Ya es difícil que me transforme en conservador, porque prefiero transformar. Es difícil que pierda esa esencia que me acompaña desde hace años, pero necesito hacerla realidad. Mi futuro siempre será incierto. Las ideas van y vienen. Las prácticas también. Nada es eterno. Pero estoy seguro de algo: siempre seguiré siendo el mismo combatiente en primera fila y para lo que se necesite para dejar de conciliar con el capital y el imperialismo que nos azota en este agitado presente.