Poesías de ayer y de hoy Estamos atravesando por una semana muy particular, donde el dolor y el miedo se amalgaman en el medio del recuerdo de un pasado que se volv...

Poesías de ayer y de hoy

Discapacidad 2

Estamos atravesando por una semana muy particular, donde el dolor y el miedo se amalgaman en el medio del recuerdo de un pasado que se volvió presente para muchas y muchos argentinos. Desde luego, no soy la excepción cuando formo parte de un colectivo invisibilizado, soslayado y ninguneado como el de las personas con discapacidad. Pero también soy trabajador. Docente de tiza y pizarrón que, de golpe, vió hecho trizas sus sueños de finalizar su vida laboral en un aula. Pero no me rindo. Me salva la escritura y la poesía en esta especie de botella virtual adonde van estas líneas que algunas y algunos entenderán, y otras y otros tratarán de hacerlo.

Pero se acerca el 24 y los recuerdos fluyen. Mi memoria se agita a pasos acelerados. Y las omisiones acerca de los luchadores con discapacidad me duelen. Tal vez, más de lo que muchas y muchos suponen. Más aún, cuando me enteré del despido y reincorporación de los trabajadores con discapacidad en el Senado de la Nación, pero ahora vuelven a las andadas despidiendo a integrantes del colectivo en el Hospital Posadas. ¡ Cuánto odio y desidia ! ¿Sabrán que el 90% de las personas con discapacidad no tiene trabajo y que los patrones del sector privado no los quieren tomar? ¿Se olvidaron que existe una ley que obliga al Estado a cumplir con un cupo laboral impulsado por José Poblete, persona con discapacidad motriz desaparecido en 1977?.

Pero la poesía es un arma cargada de futuro, dedicada a quienes se olvidaron del colectivo, tanto del Estado como de la sociedad e incluyendo a los organismos de Derechos Humanos que, salvo honrosas excepciones como CORREPI, nunca los nombra en sus declaraciones...

También lucharon

Estuvieron con sus muletas,
con sus sillas y bastones,
nada paró su lucha por aquellas verdes metas
que solo pretendían darles pequeñas soluciones.

José, Etelvino y otras tantas,
hoy están ausentes pero sus ilusiones,
acuñadas en ese caminar a tientas,
siguen vivas en nuestros corazones.

Buenos Aires, Rosario, Mar del Plata y otras siluetas,
de ciudad en ciudad, viajan hacia el mar de las sinrazones
para darnos cuenta de esas faltas
y de aquellas ocasiones.

Una villa, una escuela o sus casas modestas
fueron su lugar en el mundo que, con oscuros moretones,
los llevaba a seguir creyendo que era posible llegar a las soñadas cuestas,
a esa igualdad negada e invisibilizada que se repite a montones.

Fueron pobres y se criaron en grises latas,
algunos pudieron ir saliendo, con sus tristes emociones,
pero otras y otros quedaron en esas rojas listas
de los dueños de la vida y de la muerte para sus raciones.

Ciegos, sordos y motrices eran, como si fuesen ratas,
desalojados del mundo con feroces intenciones,
pero todavía nos quedan las fuerzas intactas
para continuar ese camino que marcaron con fuertes sensaciones...

El sueño

Nadie los ve, nadie se ocupa,
fingen verlos pero los ignoran,
cuando de trabajo se habla y eso preocupa
porque suele ser un sueño que añoran.

De sus deficiencias no tienen la culpa,
simplemente vienen y se quedan, perduran,
en el medio de su vida pero no piden disculpa
sino que exigen ese respeto que los poderes ignoran.

Y son sólo algunos, los que llegan a ese privilegio sin trampa,
a un derecho que se llama trabajo y no los miran
pero los despiden como si fuesen una plaga y hoy están en alguna carpa,
esperando que vuelva ese sueño que dejó de serlo y que extrañan.

Los llaman discas, pero son personas con discapacidad que reman ese mapa,
esa realidad que los ataca por ser diferentes y a la deriva, los dejan,
pero son luchadoras y luchadores que buscan escapar a la impuesta estampa,
esa estampilla que los enmarcan.

Y volverán por sus propios medios, sacudiendo esa tapa,
escrachando a quienes, en el olvido, los amarran
para recuperar esa dignidad que se escapa
y la igualdad que tanto buscan.

Nunca fue fácil, saben de esa oscura locura que destapa,
de vez en cuando, ese poder miserable que solo los escucha cuando gritan
y se juntan en esa esquina por ese derecho, por esa vida aún de chapa,
para ser vistos como seres humanos que este mundo habitan.

Dedicado a Natalia Gulino y los trabajadores con discapacidad despedidos del Hospital Posadas.