Un sábado para Luciano Foto : La Miguelito Pepe Muchas y muchos de ustedes se preguntarán porque tardé tanto en escribir lo que sentí el pasado sábado 30 de ene...

Un sábado para Luciano

Jornada LA 2016 - 04 - 02

Foto: La Miguelito Pepe

Muchas y muchos de ustedes se preguntarán porque tardé tanto en escribir lo que sentí el pasado sábado 30 de enero en la Plaza Luciano Arruga. Pues simplemente estuve buscando una foto que sintetizara mis emociones. Porque si algo me dió cosquillas en el alma es la imagen que ilustra esta nota.

Todos los años, y siempre que el clima y mi cuerpo acompañen, estoy marchando o haciéndome presente en la Jornada por los Derechos Humanos que organizan los Familiares y Amigos de Luciano Arruga. El año pasado no llegué hasta el final porque el calor me abrasó y en esta oportunidad, tampoco, porque apareció el sueño justo cuando Nora Cortiñas estaba cerrando la actividad.

No es un sábado más. Desde que comencé a seguir el caso, traté de estar lo más cerca posible para brindar mi apoyo y solidaridad ante un hecho tan aberrante como le sucedió a este pibe villero que cada día lo conozco más a través de lo que expresan su hermana y su madre. Más aún, cuando dí clases justamente a pibes de la 1 - 11 - 14 o que venían del conurbano bonaerense. Las y los conozco. Sé como son. Callados. Sencillos. Tímidos. Alguno que otro, se podía llegar a pasar de mambo pero nunca hubo algún gran altercado que me inquietara.

Afortunadamente no hizo mucho calor y eso me permitió disfrutar de un amplio recorrido. Saludar a viejos y nuevos compañeros. No fuí con la intención de hacer una nota o un reportaje. Me convocó el ser y estar en una jornada para escuchar. Sí. Es algo que no hacemos a menudo, solemos hablar más de la cuenta y nos olvidamos del otro que sufre.

Las horas iban pasando. Al costado de la plaza, me encontré con un joven con discapacidad motriz. Apenas podía andar con su silla de ruedas, debido al mal estado de las veredas. Y me iba acordando de viejos casos de gatillo fácil. Por ejemplo, el de Lorena Santos, joven con discapacidad mental y que también usaba silla de ruedas para movilizarse, que fuese asesinada en 2012 durante un operativo policial que se realizó en su casa con motivo de un robo (1) o el de Luis Bolaño, con discapacidad motriz, que fue asesinado el 14 de marzo de 2009; es decir, a casi un mes y medio de la desaparición de Luciano, por un vigilador contratado por el municipio de Malvinas Argentinas (2).

Poco después, me acerqué a escuchar los testimonios y gritos desgarrados pidiendo justicia por los familiares de las víctimas de gatillo fácil. Ello me permitió comprobar el crecimiento de la cantidad de casos en los últimos años. Franco Zárate, es uno de ellos. "Teté" Obregón, es otro. Y el más conmovedor fue el de Karina Abregú, cuya hermana habló por ella, quien se encuentra con más del 50% de su cuerpo quemado e incapacitada para trabajar.

Pero me faltaba abrazar a esa mujer coraje que es Vanesa Orieta. ¿Dónde encontrarla en el medio de tanta gente? ¿Por dónde andaría?. Intuí que estaría dando notas en alguna parte de ese espacio verde gigante. De tanto caminar, la encontré frente a la pancarta "Luciano Arruga Ni ausente ni perdido Detenido desaparecido". Un poco más flaca, pero con la lucidez de siempre, estaba dando una conferencia de prensa a los medios alternativos que se acercaron a cubrir este día tan especial.

Al rato, un enjambre de pibes y pibas la rodearon. Eran de la Asamblea R. E. V. E. L. D. E., integrante de La Miguelito Pepe. Fue un momento mágico donde se juntó el periodismo y la alegría de ellos y ellas. La fotografiaron, le preguntaron y Vanesa lucía esa cara de felicidad, pese al cansancio, al verse envuelta en ese piberío. Y hasta terminó cantando con ellos.

Me ganó la emoción. Ni siquiera atiné a sacar mi celular para fotografiar ese momento. Por un instante, me asaltaron los recuerdos de dar clase, de escucharlos y responderles. Sabía que Vane tiene esa particular carisma con las y los pibes. Es madre, pero se transformó en maestra de golpe  y porrazo. Y fue el mejor momento que pude haber visto en todo ese sábado, porque significa que no todo está perdido, que todavía se puede construir con los pibes de las barriadas populares.

No podía llorar. Aunque quisiera, no me salía. Pero me contagió la alegría de ese instante. La disfruté casi tanto como la hermana de Luciano. Y eso quedó grabado en mis retinas para siempre, aunque mi memoria pueda jugarme alguna mala pasada.

Por eso tardé tanto en escribir esta nota. Porque fue un momento muy especial que disfruté mucho. Y tal vez haya sido lo mejor de la tarde en el medio de tanto dolor compartido.

Seguramente habrá otra oportunidad para abrazarla a Mónica. No la ví o no la reconocí. Y eso espero hacer cuando volvamos a marchar el próximo 17 de octubre, otra fecha que quedó en mi calendario, para seguir exigiendo el esclarecimiento de las responsabilidades políticas, judiciales, policiales y hospitalarias.

NOTAS:

(1) Ver en Boletín CORREPI Nº 668 - http://correpi.lahaine.org/?p=1153

(2) Ver en Boletín CORREPI Nº 520 - http://correpi.lahaine.org/?p=914