De la universidad al trabajo   1982. Año trágico para la clase 63 y las anteriores. La locura de Malvinas era apoyada por una horda enardecida en la Plaza de Mayo que, ...

De la universidad al trabajo

 

fce - uba1982. Año trágico para la clase 63 y las anteriores. La locura de Malvinas era apoyada por una horda enardecida en la Plaza de Mayo que, a pocos días, se olvidó del asesinato del trabajador Cayetano Rodríguez luego de una marcha de la CGT de los Argentinos.

En aquel año, rendía el examen de ingreso en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA y tuve que apelar porque no entraba. Si bien las matemáticas nunca fueron, ni serán, de mi agrado como tampoco era en lo que más me destacaba, me llamó la atención que fuese la asignatura Historia que tuviese un puntaje tan bajo. Tal como les conté, leo desde los cuatro años y por supuesto, todo tipo de libro pasó por mis ojos inquietos y mi mente ávida de saber.

La cuestión que, tras unos días, me avisan que habían revisado el examen y que había ingresado. Al principio, me costó comprender ciertas cosas y ciertos códigos pero lo que no me daba cuenta era de la disminución de mi audición.

Siempre tuve la precaución de sentarme adelante, pero si el docente caminaba por el aula tan grande me perdía algo de la explicación que daba. No existían, como hoy día, tampoco existen intérpretes en lengua de señas o aros magnéticos en las aulas universitarias.

Las asignaturas jurídicas las aprobé de un tirón y las referidas a la historia económica, también. Y las contables quedaron en el camino. Paradojas de la vida, cuando entré a la docencia empecé con la asignatura Economía y Contabilidad...

El Mal de Parkinson hacía estragos en mi padre. Si bien la medicación lo ayudó a sobrevivir casi 30 y pico de años más, el deterioro se fue haciendo más visible. No tuve otro remedio, ante la falta de empleo, que trabajar junto a él.

1985 y 1986 fueron mis dos últimos años en la Facultad. Al menos, pude ver la efervescencia democrática pero también la perpetuación de las y los docentes de la dictadura como Mario Biondi. Luego, mi trabajo bisemanal en Ferro y por las noches, en el negocio de mi padre me impidieron seguir.

En 1988, la hiperinflación hacía añicos los sueños de muchas y muchos argentinos. Menem le ganaba la interna a Cafiero y el Presidente Alfonsín convocó a elecciones anticipadas. Entre los enemigos de adentro y el imperialismo, llevaron al emperador riojano al poder.

Mi hipoacusia aumentaba y ya no era el mismo. Sin embargo, en 1995, empecé el profesorado en Ciencias Económicas en el Joaquín. Pero no sabía que alguna docente me iba a discriminar porque mi dentadura estaba destrozada y siempre estaba con la misma ropa. Tiempos de crisis en donde encontrar empleo era una utopía que se haría más lejana con la convertibilidad de Cavallo.

En algunas agencias de empleo ya me habían dicho que era viejo. ¿A los 32 años?. Las empresas comenzaban a tomar jóvenes sin experiencia, gracias a los contratos basura implementados por el menemismo. Sin dudas, fue uno de los grandes golpes que he sufrido.

A dos años de haber ingresado en el profesorado, me paso a la carrera de Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales. Entre equivalencias y cuatro materias libres, pude terminarla en el 2000.

Sin embargo, los oídos tocaban tambores de batalla... En 1998 me diagnosticaron un nuevo colesteatoma en el oído izquierdo y vuelta al quirófano. Al poco tiempo, tuve que comenzar a utilizar dos audífonos. Mientras tanto, crecía el debate en el Joaquín sobre si podía ejercer o no la docencia. Ello duró hasta la última revisión y un fuerte cruce con las autoridades educativas, con el derecho en la mano, para que me entregaran el título en el 2001.

La nueva realidad me llevó a solicitar el cambio de lugar como control. Y pasé a estar durante años en el acceso al periodismo, lo que me permitió conocer a excelentes personas y otras más desechables... No podía estar en las puertas de las populares porque corría riesgo de romper las prótesis auditivas.

No obstante, al poco tiempo, pasé a encargado de boletería. Es cierto que tardaba un poco con los números pero me las arreglé bastante bien. El descenso de Ferro del año 2000 sería otra cosa desagradable, porque además de bajar a la B Nacional, quedé como boletero...

Luego vendría el ascenso de De la Rúa, la Banelco y el corralito. Pero allí comienza otra historia que merece ser contada aparte...