DERECHOS HUMANOS: LA SALUD NO ES UN NEGOCIO.   En el Día Mundial de la Salud, podemos advertir que la Salud se ha transformado en un excelente negocio para pocos y en detrimento de l...

DERECHOS HUMANOS: LA SALUD NO ES UN NEGOCIO.

 
En el Día Mundial de la Salud, podemos advertir que la Salud se ha transformado en un excelente negocio para pocos y en detrimento de las grandes mayorías sumergidas en la pobreza y en la indigencia, desde la implantación del neoliberalismo sanitario hace 30 años y de manos de la Dictadura Militar, cuyo golpe recordamos hace un par de semanas.
 
Negocio que llegó al sector público, de la mano del arancelamiento impuesto por el Brigadier (R) Osvaldo Cacciatore al actual que rige en algunos hospitales de la Provincia de Buenos Aires, pasando por los severos condicionamientos impuestos por el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo; quiénes, como instrumentos imperiales, intentan decirnos cómo y a quién comprar los medicamentos, cuando se puede implementar una Producción Pública de Medicamentos al igual que cómo debemos planificar e implementar nuestra política sanitaria.
 
Negocio que llegó al sector privado, de la mano de los condicionantes que llevan a un predominio de la industria farmacéutica transnacional, cuya facturación viene incrementándose sistemáticamente de la mano de las compras efectuadas por el Estado Nacional y de los incrementos de precios aplicados a sus productos, en detrimento de una población mayoritaria que no alcanza a satisfacer sus propias necesidades y que, inclusive, tiene severas dificultades para trasladarse a los hospitales y centros de salud estatales, junto a la avidez de una medicina prepaga que abusa de la ausencia de una regulación específica que permita el control estatal de sus actividades, ocasionando numerosos perjuicios que solamente pueden ser exigidos por quienes tienen los medios para litigar ante la Justicia.
 
Negocio que llegó a la discapacidad, afectando a una población de 2.176.123 argentinos, según las cifras de la Encuesta Nacional de Discapacidad, complementaria del censo 2001, para retacear las prestaciones que deben ser cumplidas por las Obras Sociales y las entidades de medicina prepaga, de acuerdo a la normativa vigente, llevando a estos seres indefensos por la falta de acceso a la Justicia, en su gran mayoría, al agravamiento de sus patologías y a la muerte. Llegó para abultar los bolsillos de numerosas entidades, receptoras de generosos subsidios estatales, que prestan sus servicios mediante el ofrecimiento de escasas prestaciones mientras que el Estado sigue ausente en su rol de contralor, de garante de los Derechos Humanos de las Personas con Discapacidad, tal como establece nuestra Constitución Nacional, los Tratados Internacionales sobre Derechos Humanos y en particular, los referidas a la discapacidad  como las Normas Uniformes para la Igualdad de Oportunidades, establecidas por la ONU en 1993.
 
Estos negocios públicos y privados han derivado en una concepción que se olvida que la Salud es un Derecho Humano, como también lo es de ciudadanía, por cuanto es inherente a la vida y a la dignidad humana de las personas y que se degrada cada vez que un poblador de Tartagal o de cualquier localidad del interior, como también de los asentamientos precarios existentes en el Conurbano Bonaerense y en la misma Ciudad de Buenos Aires, no puede siquiera trasladarse a un Centro de Salud o a una institución sanitaria. Y si tiene acceso a algunos de los múltiples planes y programas, frecuentemente es objeto del clientelismo de los punteros políticos y no, porque el Estado tiene la voluntad política de garantizar su salud física y mental.
 
Y es hora de comprender que la Salud es un derecho y no, un simple negocio de compraventa de servicios. Hace a la calidad de vida de las personas y ciudadanos por el sólo hecho de serlo. Por ende, hoy más que nunca, se requiere exigir al Estado y una clase política decadente, aunque ésta última difícilmente lo haga, que cumplan con su rol: garantizar los recursos humanos y materiales que permitan hacer efectivo este derecho, que sea realmente accesible para todos y no tan sólo para esa minoría que sigue usufructuando los beneficios del neoliberalismo, incluído el medio pelo argentino que solamente se escandaliza y protesta cuando le tocan los bolsillos...
 
Es hora de una Salud para y por todos los que habitan esta tierra, de la mano de un concepto de accesibilidad desde el transporte hasta la Justicia, para que la población con discapacidad no se incremente, afectando el natural reemplazo de la población económicamente activa como también permitir una niñez, una juventud y una vejez que merezcan ser vividas en nuestro país, en Latinoamérica y en el mundo.
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    Prof. Juan Carlos Sánchez
Cs. Jurídicas, Políticas y Sociales
(I.S.P."Dr. Joaquín V. González")