El periodista del pueblo El mejor regalo que tuve para el Día del Periodista fue ese título con el cual me saludaba una vieja amiga rosarina. Dos referencias princip...

El periodista del pueblo

Walsh - Gleyzer

El mejor regalo que tuve para el Día del Periodista fue ese título con el cual me saludaba una vieja amiga rosarina. Dos referencias principales para mí son Rodolfo Walsh y Raymundo Gleyzer; uno, por ser integrante de Prensa Latina, agencia fundada por Jorge Masetti y creador de la agencia ANCLA, además de militar en Montoneros y otro, ese cineasta criado en mi barrio de La Paternal que supo retratar las vicisitudes de una época tan particular en donde la efervescencia política alcanzó su mayor esplendor para buscar esa independencia que hoy todavía buscamos, como también recordar que fue fundador del Cine de la Base y miembro del PRT - ERP.

Dos periodistas que, a su manera, me siguen enseñando aún estando un poco alejado de la escritura. Y alguno me tildó de tibio en las redes sociales… En realidad, soy marxista - leninista acompañado por esa esencia que solamente puede dar ser admirador de Fidel, Raúl, el Che y Santucho. Por eso siempre estaré al lado del pueblo y de los trabajadores. No necesito título ni credencial para este ejercicio periodístico que va a cumplir 15 años desde este blog. Sé que algunos me dirán bloguero o maestro ciruela. No me importa.

Y justo en un nuevo aniversario de la caída en combate del Comandante Mario Roberto Santucho, me parece importante no perder la mirada. Basta leer “Poder burgués y poder revolucionario” para darnos cuenta de su tarea y la que nos dejó para continuar. Para que la vida de nuestros 30.000 compañeras y compañeros desaparecidos recobre sentido para la lucha que hoy encaramos, teniendo en cuenta los 357 despidos en Télam, los 40 despedidos de Radio del Plata y los miles y miles de despidos en INTI, en SENASA, en el Hospital Posadas como también en el sector privado.

Ser periodista del pueblo significa cubrir lo que ocurre a nuestro alrededor. Caminar la calle. Hablar con las y los trabajadores. Para eso no necesito credenciales ni estar afiliado a un sindicato. Estoy jubilado, pero activo en esta actividad que, espero, sea más continuada en el tiempo. No vivo de estos escritos que, por otra parte, están al alcance de todos y tratando de cuidar los textos para que sean entendidos por la mayor parte de aquellos que me leen.

Por eso no soy ningún tibio, soy un revolucionario y lo seguiré siendo hasta que me muera de pié, aquí o en Cuba…