El dolor de ya no ser Me jubilé y esperaba alguna despedida en alguno de los dos colegios en los cuales he trabajado durante mi vida docente. De uno, ya lo descar...

El dolor de ya no ser

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Me jubilé y esperaba alguna despedida en alguno de los dos colegios en los cuales he trabajado durante mi vida docente. De uno, ya lo descartaba porque la mayoría de las y los colegas ya se habían jubilado hace rato y de otro, donde cursé mis estudios medios, mi querido "Hipólito Vieytes" tenía la ilusión de compartir un fin de año diferente con el clásico homenaje a las y los que dejaron paso a las futuras generaciones.

Pero se olvidaron de mí. Es cierto que también me estaba fugando, como producto de mis dolencias físicas y psíquicas, pero ello no justifica que ni siquiera me hayan llamado o convocado a la fiesta de fin de año. También lo es el hecho que muchas y muchos se fueron yendo, mientras seguía cultivando mi perfil bajo. Le tengo poco afecto al chusmerío, por eso siempre me alejé de la sala de profesores.

Por supuesto, que me invadió la rabia, la bronca y la indignación ante este olvido. Hace rato que ya perdí la paciencia, pero me mató la indiferencia con la cual me encontré. La presentía, pero no quería darme cuenta.

Y me afloraron las preguntas: ¿Será que no integré alguna "cofradía"? ¿Habrá sido porque pienso distinto de muchas y muchos de los que hoy están en el colegio? ¿Será porque siempre estuve del lado de la memoria, la verdad y la justicia en el medio de la herencia pesada que aún reina en el Vieytes?.

No tengo muchas respuestas. Tal vez, alguna certeza. La que me indica que hice bien las cosas. Siempre fuí, y seré, políticamente incorrecto. Me quedan pocas y pocos amigos entre quienes hoy están en el colegio. Algunas y algunos ya no están. Pero la rabia y la indiferencia continúan en mí.

No importa. Como dicen las y los pibes, ya fué... Pero la bronca queda. Ya, a un año de jubilado, nada puedo esperar. Otra foto menos en la cual no voy a estar, pero me hubiese gustado compartir una noche de recuerdos más allá de pensar distinto con quienes compartí pasillos y aulas.

Nunca me interesaron los honores. Menos aún, ahora... Nunca quise crecer como directivo, porque no sirvo para botón, vigilante o yuta. Si mi salud fuese otra, hubiese seguido dando clase y charlar con las y los estudiantes. Pero no pudo ser.

Pero me quedó el sabor amargo del dolor de ya no ser...