Catarsis Hace ya poco más de cinco meses desde que mi madre sufriera un ACV, cambiando mi vida de un día para el otro. No fue fácil el desafío de ate...

Catarsis

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Hace ya poco más de cinco meses desde que mi madre sufriera un ACV, cambiando mi vida de un día para el otro. No fue fácil el desafío de atenderla -y continuando haciéndolo- aunque ya llegó el alivio con su recuperación parcial.

Mucho esfuerzo. Mucha paciencia -la que no tengo precisamente- para afrontar semejante golpe de la vida. Algunas y algunos arrimaron el bochín de la solidaridad en unos cuantos momentos. Fue sentir una brisa de aire fresco frente al marasmo que vivía.

Pero este tropezón me hizo descuidar mi faceta periodística, aunque gané experiencias vitales que me servirán para el futuro. Dicen que no hay mal que dure 100 años y en eso estoy, a pesar de los inconvenientes que supone una mamá de 82 años que sigue peleando todas y cada una de las circunstancias que la ponen a prueba.

No obstante, pude conocer a quienes son amigos / as a la hora que se precisa. Fueron pocos, pero fieles. Y con eso me basta. Porque no se trata de un mensajito a través de las redes sociales sino también de poner el cuerpo.

La solidaridad contribuyó a solucionar problemas que, por momentos, parecían insolubles. Y eso vale mucho a la hora de evaluar con quienes contar a la hora de la verdad. Sé que muchas y muchos no pudieron o no supieron como acompañarme. Lo comprendo y no me estoy quejando. Pero tal vez hubiese querido estar con muchos más que me abracen y comprendan.

Estamos de vuelta. De a poco. Sigo vivo a pesar del clima de odio que inunda nuestro país. Sé que la lucha tiene esas cosas agridulces. De eso, con seguridad, seguiremos hablando en otra oportunidad...